Desventajas de desearte

Experiencias llenas de intensidad, esas son las que te marcan, las que te recuerdan lo que eres y sobre todo lo que deseas. Tenerlo cerca de mí, frente a mí, sus labios junto a los míos, sentir el sabor de su lengua y dejarme abrazar por su cuerpo. Momentos inesperados, de esos que te hacen mostrar una parte de ti que generalmente ocultas ante los demás, esa parte que solamente muestras a los afortunados, los especiales o a los hábiles que logran hacerte vibrar, explotar de emoción y llenarte de amor. Cada vez lo tengo más cerca, y no sólo físicamente, lo cual me da miedo pero también me intriga, me conozco y sé que me amarro de las personas rápidamente, de los hombres especialmente. Él rompió la barrera entre los dos, sin embargo yo ya había abierto la puerta que nos iba a permitir compartir algo de nosotros, interactuar y conocernos. Cruzó la línea, sin avisarme, simplemente cruzó y logré sentir sus labios de una manera veloz pero también con mucha fuerza. Sentí su presencia.

Conforme pasaron las horas la invasión del espacio personal se normalizó, hasta se convirtió en una obligación al mismo tiempo que en una necesidad. Ahora yo me acerqué libremente para pedirle un beso, pedírselo con la mirada, con una sonrisa, con mi cuerpo, y él me entendió. Nos besamos, una y otra vez, sentí sus labios más entregados que nunca, su lengua volvió a hacerse presente para finalizar con un mordisco en mis labios, su necesidad de hacerme sentir algo que me causara placer. El intercambio de fluídos, de hormonas, de lo que es él y de lo que soy yo. Me gustó la experiencia, me gustó conocerlo por medio de tantos besos y saborearlo. Lo comparo con otros labios y estos me gustaron. Me propuso pasar a otro lugar y compartir algo más que saliva y nuestros labios. Me interesó, me prendió de tal manera que dudé en decir que no. Quería sentirme de otra forma, y yo a él, tenerlo dentro de mí, cada vez más cerca, hacerlo vibrar y que me hiciera disfrutar de mi cuerpo y de su energía. Tuve que decir que no con mi mente, aunque mi cuerpo estuviera rogando que simplemente lo hiciera. Nos despedimos de lo más indiferentes, pasó el fin de semana y hasta la mañana siguiente estuvimos en el mismo lugar.

Él se acercó, se hizo presente, con esa mirada tan tierna, esa sonrisa conquistadora y ese cuerpo tan imponente. Su forma de decirme “aquí estoy, no me he ido, quiero seguir jugando”. Pero ¿y qué pasa si no me interesa respetar los límites? ¿qué pasa si prefiero no jugar y retirarme del juego? En realidad quiero seguirlo besando, volver a sentir cerca, mi cuerpo lo necesita tocar, su olor me gustó, sus labios me dominaron, su mirada me convenció, su cuerpo me hizo sentir en el mejor lugar, con su cabello en su lugar, y su barba que me encanta tocar y sentir cuando rozan nuestras mejillas o nuestros labios. Lo quiero tocar, besarlo sin fin, abrazarlo y besarle en el cuello, en su oreja, lograr excitarlo con el simple hecho de acercame a él. Mostrarle sólo una parte de lo que puedo hacerle sentir… Mostrarle no, tal vez hacerle imaginar pues no hay nada que ofrecer a alguien como él, alguien que no es para mí en esta realidad, está con alguien y tiene una historia que rescatar. Mientras tanto puedo mantenerme cerca, besarlo las veces que ambos deseemos, y no puedo esperar a que continúe con sus actos de conquista. Todo se desató de una manera inesperada, no imaginaba que esa persona que me resulta tan atractiva intentaría tocarme y besarme, hasta lograrlo. Insiste, me quiere besar, me quiere penetrar en las formas que le sean posible. Y me encantaría que lo hiciera pero hay algo que cuidar, no es mi imagen ni mi cuerpo, es mi salud emocional y mi corazón. No puedo involucrarme de más con alguien que no busca mantenerse a mi lado, sí puedo pero no quiero porque después de las experiencias compartidas lo voy a querer cerca de mí, con total libertad y esta historia jamás podrá contarse así.

Sin embargo, lo quiero tocar con mis labios, con mis manos y sentir su cuerpo junto al mío. Necesito controlar mis impulsos, pues no sé si podré cerrar las ventanas y puertas ocultas en mi cuerpo, no quiero, pero sé en donde están y lo quiero hacer pasar, que me explore y me sienta, explotar de placer y sentir mi sensualidad por medio del impacto que ocasionará que nuestros cuerpos interactúen. Lo puedo imaginar, pero pronto lo quiero besar, abrazarlo y que mi corazón palpite a velocidad. No es amor, es atracción. No es pasión, es excitación. Lo dejaré conquistarme, jugaré a rechazarlo sólo para divertirme y para que ese último beso que nos demos esté cargado de pasión, fuego y mucho dolor al no poder detenernos, al compartir un deseo desenfrenado e imposible de saciar con un beso, el deseo que querer cada vez más, el deseo de querernos volver uno solo. La mayor desventaja de desearte es que todas las ideas permanecerán en mi mente, nisiquiera en mi corazón. Quiero hundirme en tu cuerpo, ser tu objeto de deseo, ese cuerpo que quieres poseer, esa persona que deseas sentir y tocar, esa joya que quieres encontrar, disfrutar y que te hará brillar, resplandecer de placer y emoción.

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